Disociación y pulso: un fenómeno poco conocido y sus efectos

Las mujeres víctimas de narcisistas perversos pueden vivir experiencias psicológicas y físicas intensas. Entre ellas, el fenómeno de la «disociación y el pulso» sigue siendo poco conocido, pero puede tener efectos importantes. Este artículo pretende explicar en qué consiste, cómo afecta al ritmo cardíaco y por qué aparece con frecuencia en el contexto de una relación con un narcisista.

¿Qué es la disociación?

En psicología, la disociación es un mecanismo de defensa. Se produce cuando el cerebro se desconecta temporalmente de la realidad para protegerse de un estrés intenso. Es una reacción involuntaria que permite tomar distancia de una situación vivida como insoportable.

En la práctica, la persona que se disocia puede tener la impresión de estar desligada de su cuerpo o de su entorno. Puede sentirse como en una niebla, tener lagunas de memoria o la sensación de que lo que la rodea no es real. La disociación puede ir desde una ligera sensación de desrealización hasta una pérdida total de la conciencia de sí misma.

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Este fenómeno de disociación traumática es una respuesta natural del cerebro ante un trauma. Permite soportar lo insoportable creando una distancia emocional. Pero si se vuelve crónico, puede tener consecuencias negativas a largo plazo.

Formas y síntomas de disociación

Existen varios tipos de disociación, que pueden manifestarse en distintos grados:

  • La despersonalización: sensación de estar desligado del propio cuerpo o de los propios pensamientos.
  • La desrealización: impresión de que el mundo que nos rodea no es real.
  • La amnesia disociativa: lagunas de memoria sobre determinados acontecimientos traumáticos.
  • La fuga disociativa: partida repentina sin razón aparente, con olvido de la propia identidad.
  • El trastorno de identidad disociativo: presencia de varias personalidades distintas.

En el marco de una relación con una persona narcisista, las formas más habituales son la despersonalización y la desrealización. Permiten a la víctima soportar la manipulación y los abusos psicológicos.

El vínculo entre disociación y ritmo cardíaco

La disociación tiene efectos físicos, en particular sobre el ritmo cardíaco. En efecto, durante un episodio disociativo el cuerpo entra en un estado de «congelación» que modifica el funcionamiento del sistema nervioso autónomo.

Esto suele traducirse en una ralentización del pulso. El corazón late más despacio, como si el cuerpo intentara ahorrar energía ante una amenaza. Este fenómeno se explica por la activación del sistema nervioso parasimpático, responsable de ralentizar las funciones vitales.

Paradójicamente, algunas personas pueden experimentar, por el contrario, una aceleración del ritmo cardíaco durante la disociación. Esto se explica por la activación del sistema nervioso simpático, que prepara al cuerpo para reaccionar ante el peligro.

Estas variaciones del pulso durante los episodios disociativos pueden resultar desestabilizadoras para quien las vive. Contribuyen a reforzar la sensación de extrañeza y de desconexión del cuerpo.

¿Por qué la «disociación y el pulso» es frecuente en las víctimas de narcisistas?

La relación con un perverso narcisista es fuente de estrés crónico y de traumas psicológicos repetidos. Ante este abuso narcisista, la disociación se convierte en un mecanismo de supervivencia para muchas víctimas.

Las razones que explican la frecuencia de la disociación en este contexto son múltiples:

  • Protección frente al dolor emocional: la disociación permite mantener a distancia el sufrimiento causado por las manipulaciones y las humillaciones.
  • Adaptación a la incoherencia: el discurso contradictorio del narcisista crea una disonancia cognitiva que la disociación ayuda a soportar.
  • Evitación del conflicto: desconectarse mentalmente permite no reaccionar y, por tanto, no provocar la ira del narcisista.
  • Preservación de la autoestima: la disociación protege la identidad profunda de la víctima frente a los ataques repetidos.
  • Gestión del sentimiento de impotencia: desligarse mentalmente da la ilusión de conservar cierto control sobre la situación.

La disociación se convierte así en un reflejo de protección frente a un entorno tóxico e imprevisible. Pero, a largo plazo, puede tener consecuencias negativas para la salud mental y física de la víctima.

Los efectos de la disociación crónica

Aunque la disociación ofrece una protección temporal, su repetición a largo plazo no está exenta de consecuencias:

Efectos psicológicos:

  • Dificultades de concentración y de memoria
  • Trastornos del estado de ánimo (depresión, ansiedad)
  • Pérdida del sentido de la identidad
  • Dificultades en las relaciones
  • Sensación permanente de irrealidad

Efectos físicos:

  • Fatiga crónica
  • Trastornos del sueño
  • Dolores musculares inexplicables
  • Alteraciones hormonales
  • Debilitamiento del sistema inmunitario

La disociación crónica alimenta además un círculo vicioso: cuanto más se disocia la persona, más pierde el contacto con sus emociones y sus sensaciones corporales. Eso la hace más vulnerable a los abusos y refuerza la necesidad de disociarse.

El papel del narcisista en el mantenimiento de la disociación

El narcisista perverso, de forma consciente o no, mantiene el estado disociativo de su víctima. Eso le permite conservar su dominio y evitar cualquier cuestionamiento.

Varios de sus comportamientos favorecen la disociación:

  • El gaslighting: al negar la realidad vivida por la víctima, la lleva a dudar de sus percepciones.
  • Los cambios de humor imprevisibles: la alternancia entre momentos de amabilidad y de crueldad mantiene a la víctima en un estado de confusión.
  • El aislamiento social: al apartar a la víctima de sus seres queridos, la priva de puntos de referencia externos.
  • La proyección: al acusar a la víctima de sus propios defectos, difumina la frontera entre lo verdadero y lo falso.
  • Los dobles vínculos: al dar órdenes contradictorias, crea una situación sin salida que empuja a la disociación.

Así, la disociación se convierte a la vez en una consecuencia de los abusos y en un terreno propicio para que continúen.

El vínculo entre disociación y codependencia

La disociación crónica puede favorecer el desarrollo de una relación de codependencia con el narcisista. En efecto, al perder el contacto con sus propias necesidades y límites, la víctima se vuelve más propensa a centrarse exclusivamente en los de su pareja.

La codependencia se caracteriza por:

  • Una necesidad excesiva de aprobación
  • Dificultad para decir que no
  • Una tendencia a sacrificarse por el otro
  • Miedo al abandono
  • Baja autoestima

Estos rasgos de carácter, reforzados por la disociación, hacen a la víctima más vulnerable a la manipulación del narcisista. También le impiden tomar conciencia de su situación y plantearse una separación.

La disociación como obstáculo en el proceso de sanación

Paradójicamente, el mecanismo que permitió a la víctima sobrevivir a la relación abusiva puede convertirse en un freno para su sanación una vez terminada. En efecto, la disociación crónica:

  • Impide sentir plenamente las emociones, un paso necesario en el proceso de duelo.
  • Mantiene una forma de negación que retrasa la toma de conciencia de los abusos sufridos.
  • Altera la capacidad de proyectarse hacia el futuro y de reconstruirse.
  • Alimenta una forma de desapego que complica la creación de nuevas relaciones sanas.

Además, las variaciones del ritmo cardíaco ligadas a la disociación pueden ser una fuente adicional de ansiedad y estrés. La persona puede tener miedo de perder el control de su cuerpo, lo que refuerza la necesidad de disociarse.

Referencias bibliográficas sobre la disociación

Esta es una selección de siete referencias bibliográficas en francés, principalmente científicas, sobre el tema de la disociación:

  1. Dermesropian, A., Goffinet, S., & de Becker, E. (2018). « La dissociation : conceptualisation, intérêt d’une intrication avec la scarification et protocole d’intervention ». Psychologie Clinique, 2018/1 (n°45), pp. 115-133.
  2. Fareng, M., & Plagnol, A. (2014). « Dissociation et syndromes traumatiques : apports actuels de l’hypnose ». PSN, Volume 12, 2014/4, pp. 29-46.
  3. Mahieu, E. (1997). « Note sur une discordance dans la clinique : la dissociation ». L’Information Psychiatrique, 1997/9, pp. 809-817.
  4. Hingray, C., & Tarquinio, C. (2021). « La dissociation : protection ou perte de raison ». La Lettre du Psychiatre, n°2, juin 2021.
  5. Tarquinio, C., & Auxéméry, Y. (2022). « Chapitre 6. Psychotraumatisme, dissociation et troubles dissociatifs ». Dans Manuel des troubles psychotraumatiques, pp. 174-223.
  6. Kédina, B., Tarquinio, C., & Montel, L. (2012). « Dissociation et mémoire traumatique ». Dunod, 2012.
  7. Lafrance, A. (2011). « Comprendre la dissociation chez les patients avec un trouble de personnalité limite ». Santé mentale au Québec, Volume 36, numéro 1, printemps 2011, pp. 111-128.

Estas referencias ofrecen una visión en profundidad de las distintas facetas de la disociación, incluidas su conceptualización, sus vínculos con el trauma y los enfoques terapéuticos asociados.

Conclusión

La «disociación y el pulso» es un fenómeno complejo que ilustra los estrechos vínculos entre el cuerpo y la mente. En las mujeres víctimas de narcisistas representa a la vez una estrategia de supervivencia y un posible obstáculo para la sanación.

Comprender este mecanismo permite captar mejor la magnitud de los daños causados por una relación tóxica. También pone de relieve la importancia de una atención integral, que tenga en cuenta tanto los aspectos psicológicos como los físicos del trauma.

La disociación, aunque protectora en un primer momento, no debe convertirse en una solución a largo plazo. Recuperar el contacto con el propio cuerpo y las propias emociones es un paso esencial para liberarse del dominio del perverso narcisista y reconstruirse.

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